jueves, 26 de junio de 2014

No me faltéis al respeto

Hace unos meses estando con Javier, vasco del mismo Bilbao, nos encontramos por la noche con un amigo suyo que había sido presidente del Atlético de Bilbao. El tío fue encantador, muy animado, nos pagó las copas… En un momento dado me interesé por lo del futbol y le pregunté algo así como “Y el Bilbao tiene muchos socios?”. En seco, con caras tensas, Javier y el presi me embistieron: “el ATLETI!”, “es el ATLETI!”, “se dice ATLETI!”.

El presi se giró y le perdimos. Después, según le insistía a Javier que me lo explicará se iba cabreando más.


Se me quedó el percance grabado pero no hice autoanálisis porque pensé que tenía algo que ver con el mundo del futbol que no entiendo ni en lo básico, menos aún en lo sofisticado.

La semana pasada me pasó algo que he tardado más en superar y que relacioné con el momento “atleti”, y que sí me ha llevado a un autochequeo más serio.

Luis me llamaba la atención sobre que no debía hablar de cualquier cosa así como así porque se podía faltar al respeto. Lo del respeto siempre me ha recordado a las películas del padrino. O a un antiguo vecino que pidió prohibir el bikini en la piscina por ser una falta de respeto a su religión (judía, ¿?). El respeto es algo tan subjetivo que es un saco para todo. Por eso, como no tenía claro a qué se refería con "faltar al respeto por hablar así como así de cualquier tema", le pregunté: “¿Cómo cual por ejemplo?”. “Como el aborto, por ejemplo”, contestó.

Entonces empecé a hablar del aborto así como así, porque es uno de tantos temas de los que puedo opinar hoy una cosa y mañana otra. Y hablando hablando vi que efectivamente, hay algunos temas en los que con algunas personas tocas algo que les hace dejar a un lado el razonamiento. Era imposible centrarse en cosas básicas como distinguir entre “vida orgánica” y “ser humano”, o concretar los derechos sobre los que estábamos hablando, o entender que pintaba Hitler en una conversación sobre el aborto, o… Nada, no había sitio para la lógica porque habíamos tocado algo más elevado, relacionado con las emociones, las sensibilidades. Algo “atleti”.

Y esto sí me ha hecho repensar más porque, a diferencia de Javier que con el futbol por medio puede romper paredes, a Luis lo tengo como un tío siempre contenido y racional.

Me he puesto a darle vueltas pensando que si le pasa a él quizás también me pudiera pasar a mí con algún tema. Autoanalizándome con calma he llegado a la conclusión de que no. A mí no me pasa. Y mucho menos necesito recurrir a la excusa del respeto para defender mis creencias o sensibilidades. Yo creo que todo es debatible y aunque puedo apasionarme, siempre soy y abierto y racional, y no permito que la sensibilidad anule la lógica.

Hasta el concierto de ayer de los Rolling Stones. No hay nada que me toque más los cojones que que se atrevan a comparar los Rolling Stones con los Beatles. Ni con otros 50 años más conseguirían acercarse a su genialidad. Por mucha lengua fuera, poses de malote, historieta transgresora que quieran, jamás llegarán a acercarse a la creatividad, magia, pureza de lo que sacaron los Beatles en sus pocos 6 o 7 años de vida. Jamás. Y el que los compare, me está faltando al respeto.



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