domingo, 4 de agosto de 2013

Los verdugos

Veo en los tres episodios ocurridos en las últimas semanas en España un mismo elemento común: un pobre bobo como protagonista. Las tres tragedias han estado provocadas o protagonizadas por hombres corrientes, vulgares, como cualquiera de nosotros, sin mala intención, que han sido desbordados por las circunstancias.

Estoy pensando en el accidente de Santiago (la verdadera tragedia), en el incendio de Andraitx y en la contabilidad B del PP.

Es una reflexión frívola porque una vez sucedidas lo importante es ayudar a las víctimas, reparar las consecuencias y prevenir que vuelvan a suceder. Por otra parte, si se entra a cada uno de los sucesos se ven mil diferencias, como con todo lo que se examina de cerca. Y no digo ya cuando tiene que ver con temas políticos, donde entonces la afectación es máxima y todo es diferente a todo, sino es de mi palo.

Pero cogiendo distancia y fijándome en los protagonistas, no puedo dejar de ver a Manfredi dando vida al atribulado verdugo de Berlanga. Manfredi podría haber representado a cualquiera de los tres personajes.


Comparto esta reflexión en cenas y comidas y me encuentro solo. Lo cual es lógico porque, además de haberme preocupado de rodearme de gente de superiores cualidades y moral, vivo en un país donde es muy raro que alguien no respete un paso de peatones, no cumpla los límites de velocidad, no separe la basura, no escriture todos sus metros, no declare todos sus ingresos, se invente días de baja, no pida factura…

Yo sin embargo, pienso que si hubiese sido maquinista, podría haberme pasado; si limpiara rastrojos: podría haberme pasado; si perteneciera a un partido: podría haberme pasado.

De todas formas, comparto con mi círculo la necesidad de encontrar un culpable. Queremos, pedimos, un culpable que nos de la tranquilidad de la certidumbre, que cierre el círculo dándole sentido a la tragedia. Necesitamos ver que tanto dolor y mal tiene una explicación: ha sido un loco, un canalla, un político, una empresa... En definitiva: alguien distinto a nosotros.

Pero aún así, no puedo dejar de verlos como a Manfredi, protagonistas involuntarios de unos dramas que quizás no merecieron, pero que estaban agazapados en el tiempo esperando verdugo.



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