jueves, 9 de diciembre de 2010

¿Qué hubiera hecho yo?

Pienso en él, en la torre de control el viernes pasado, en medio del calentón, lejos del caos que se avecinaba. El sábado, cuando todavía no habían vuelto a sus puestos, decía que el tema le estaba pillando de lleno, y que era de los que no apoyaban la acción.

Juzgar si es justificable lo que han hecho y estar en contra de los controladores es inmediato. Sobretodo estando tan reciente la hecatombe provocada por gente de la que no dejan de repetirnos lo que ganan. (Nota: averiguar a partir de que sueldo uno empieza a merecerse lo malo que le pasa).

Pero yo no estoy pensando sobre el asalto ocurrido, que es injustificable. El daño ocasionado es tremendo. He visto a Jesús, en Buenos Aires, esperando a su hijo que no había visto en meses atrapado en Madrid, o a Alberto, que dos horas antes de salir hacia al aeropuerto me contaba con cara de niño el viaje sorpresa a Tenerife que le había montado a su mujer, y así miles. Todo a la mierda por un cabreo de unos pocos.

Yo estoy ahora pensando en qué hubiera hecho si hubiera estado en su lugar. Un ejercicio difícil porque hay que desvincularlo de lo que ha pasado, de que son unos privilegiados, de que ganan mucho dinero,… Pero quiero esforzarme y ser honesto. Para entenderle a él y conocerme a mí.

Me esfuerzo en recordar decisiones parecidas e intentar ponerme en situación. Estoy con mis compañeros, con mis amigos, acalorados por… lo que sea: utilizan a nuestra hija para sacarnos dinero, nos han timado al comprar la casa, nos ha engañado el jefe, le han pegado a un amigo,... da igual… lo que sea, pero estamos desatados y no sentimos más que el calentón.


¿Quién soy yo? ¿El que está vociferando con la mano en alto, o el que está conteniendo a sus amigos? ¿El que defiende que debemos estar todos unidos, o la voz crítica?

Quiero creer que en general estoy tomando siempre las decisiones valorando poco lo colectivamente aceptado como correcto. También me ayuda a tranquilizarme el hecho de que se me acuse a menudo de tomarme las cosas poco en serio e ir por libre.

Pero no dejo de recordar que, cuando teníamos calentones por algún motivo, yo me veía impulsado a estar en primera línea, y él era de los que me sosegaba.

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